|
Sin importar tu origen, tu género, o
tus circunstancias, hay un anhelo en tu corazón
que es igual al de todos los seres humanos de
todos los tiempos: Tu corazón anhela adorar
a Dios. Esto es así porque ese es
el propósito para el cual fuiste diseñado
y creado por El.
Pero entre tanta prisa y afán es posible
que te hayas conformado con hacer las cosas según
las sientes, dejando a un lado la conciencia
de tus actos y sus consecuencias.
También es posible que
pienses que si tu vida fuera puesta en una balanza
tienes más
cosas buenas que malas y que eso es más
que suficiente para ganarte el favor de Dios.
Después de todo, El te conoce mejor que
nadie y sabes que no eres perfecto y por eso
te "perdona lo malo”.
Pero antes de que sigas adelante con tu vida,
es bueno que tomes un momento, analices y conozcas
lo que Dios tiene que decirte en Su Palabra acerca
de tu destino, lo que te depara el mismo y sobre
tu paradero cuando te toque estar ante Su presencia….
LA BIBLIA DICE QUE:
“Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en El cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios
a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino
para que el mundo sea salvo por El”, (Juan
3:16-17)
- El pecado te separa de Dios
“Por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la Gloria de Dios”, (Romanos
3:23)
“Como está escrito: No hay justo
ni aún uno”, (Romanos 3:10)
Muchos creen que después de esta vida
todo termina, pero la Biblia determina que, “…está establecido
para los hombres que mueran una sola vez, y después
de esto el juicio”, (Hebreos 9:27)
- Jesucristo murió y resucitó por
ti
“… Que Cristo murió por
nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
y fue sepultado, y que resucitó al tercer
día, conforme a las Escrituras”,
(1 Corintios 15:3-4)
“Porque la palabra de la cruz (el Evangelio
de Jesucristo) es locura a los que se pierden;
pero a los que se salvan, esto es, a nosotros,
es poder de Dios”, (1 Corintios 1:18)
“Para esto apareció el Hijo de
Dios, para deshacer las obras del diablo”,
(1 Juan 3:8)
“El que en El cree, no es condenado;
pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque
no ha creído en el nombre del unigénito
Hijo de Dios”, (Juan 3:18)
“El que no es conmigo, contra mí es;
y el que conmigo no recoge, desparrama”,
(Mateo 12:30)
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida;
nadie viene al Padre sino por mí”,
Juan (14:6)
“Porque hay un solo Dios y un solo mediador
entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”,
(1 Timoteo 2:5)
- Debes confesar con tu boca que aceptas a
Cristo como tu Salvador
“Si confesares con tu boca que Jesús
es el Señor, y creyeres en tu corazón
que Dios le levantó de los muertos, serás
salvo. Porque con el corazón se cree para
justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”,
(Romanos 10:9-10)
- Debes hacer de Cristo el Señor y
Salvador de tu vida
El está esperando que tomes la decision
más importante de tu vida. Jesucristo
te invita diciendo: “Yo soy la puerta;
el que por mí entrare, será salvo”,
(Juan, 10:9)
Abrele ahora mismo tu corazón y confiésale
tus pecados. La Palabra de Dios nos dice que: “El
que encubre sus pecados no prosperará;
mas el que los confiesa y se aparta alcanza misericordia”,
(Proverbios 28:13)
Solo Jesús te puede dar una nueva vida: “De
modo que si alguno está en Cristo, nueva
criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas
son hechas nuevas”, (2 Corintios 5:17)
Cree en tu corazón y confiésalo
con tu boca en una oración como esta:
Señor Jesús, creo que eres el
Hijo de Dios que murió por mis pecados
y resucitó. Me arrepiento de mis pecados
y te pido que me perdones. Envía ahora
a tu Espíritu Santo a mi corazón
para darme el poder de rechazar lo malo y caminar
en tu voluntad. Gracias por tu amor, tu salvación
y la nueva vida que me das en este día.
Amén.
Si hiciste esta oración y acabas de
aceptar a Cristo en tu corazón comunícate
con nosotros a contacto@icavpr.com o
usa nuestro enlace de peticiones de oración.
También puedes usar nuestra información
de contacto. Queremos orar junto contigo.
El Señor Jesús y nosotros te
decimos: ¡Bienvenido a casa!
|